Introducción
El bullicio de la gente era enorme, la ovación de un pueblo que pedía a gritos lo que deseaban, sus rostros llenos de euforia daban a entender el gozo que sentían y no era para más, a quien esperaban era un ídolo, alguien que se había hecho aún más del renombre que su familia poseía y a la cual ya de por si se le rendía respeto, Xirion Pendragon el espadachín de trece años e hijo mayor de los Pendragon.
Los pasos resonaban por todo el pasillo interino del coliseo, lentos pero firmes, la luz entre la oscuridad se aproximaba poco a poco empezando a revelar la figura delgada y delicada del muchacho, la piel blanca y perlada por el sudor que reflejaba la luz, sus cabellos blancos como la nieve, ojos azules como el cielo mismo, era hermoso, nadie podía negarlo, más aún con el traje que portaba ese día, parecía hecho de oro fino, un dorado opulento que resaltaba más aún su figura elegante y heroica. El silencio del coliseo confirmaba la admiración que sentían por él, anduvo y con paso taimado subió los escalones posándose en el centro de una platea hecha de placas de piedra tallada por los mejores artesanos del condado, alzó el brazo derecho lentamente y dio una ligera sonrisa a su público que empezó a aplaudir eufórico, solo verle era motivo de alegría, era casi una religión que se alzaba alrededor de él, fieles que seguían esa fe no propagada por un hombre a medio formar.
—Es realmente asombroso cómo la gente le ama, es algo que te deja atónito —Comentó el hombre barbado mientras sostenía la copa en frente de su rostro cargada de vino, el anillo en su mano diestra bañado en oro reflejaba un breve brillo, aproximó el cáliz a sus labios y dio un trago para luego dejar la copa en la mesa y alzarse sobre sus pies él sumo sacerdote de la diosa. Dio un par de pasos al frente dejando que la luz del sol reflejada en sus ropajes le hiciera ver de un ápice celestial, deslizó la mirada al vocero quien haciendo una reverencia empezó a transmitir lo que el hombre hablaba— Hermanos y hermanas, nos hemos reunido aquí para conmemorar a este joven amado por todos, un héroe quien poniendo su vida en riesgo una vez más, se aventuró a salvar sin pensar a nuestros compatriotas, todos saben de la amenaza que se cierne en este lugar, pero aun así, él prefiere ignorarlo y acudir en la ayuda, merece la gratitud de todos nosotros pues ha actuado en beneficio de los ciudadanos en vez de sí mismo, por esto la santa diosa favorece su acción bendecido seas Xirion Pendragon.
El sonido de las palmas empezó a escucharse como la lluvia al empezar a caer hasta ser tantos que no podían oír su propia voz al hablar, el joven humildemente hizo una reverencia a quien le habló y se encaminó a regresar en sus pasos cruzando de nuevo a la oscuridad interina del coliseo donde suspiró aliviado, cerró sus ojos y llevo su mano al pecho, cuando volvió a ver el lugar se encontró con un chico pelinegro acompañado de una joven pelirroja de ojos verdes que le sonreía mientras se acercó a este abrazándolo con cariño.
Xirion acaricio la espalda de Falcon su novia y le tomo las mejillas con delicadeza viéndole a los ojos por un momento para desviar la vista detrás de ella observando al muchacho con atención, la sonrisa de su rostro lentamente se perdió, bajo lentamente los brazos para pasar por un lado de la mujer frente a él, llevó la mano derecha a la mejilla de aquel para luego abrazarlo acariciando su cabello ondulado y azabache metiendo los dedos entre este.
—Yuno…¿Estás bien? — preguntó mientras movía sus brazos para rodear su cabeza moviendo su mano con lentitud. — No te hicieron nada ¿cierto?
La voz de Xirion por un momento se apagó, Yuno por su lado solo se mantuvo inmóvil ante el abrazo, elevo las manos con cuidado y rodeó a su hermano por los costados apegándose a su cuerpo suspirando.
—No te preocupes Xirion, todo está bien...— Su voz era suave, muy lenta, como una persona adormilada o muy perezosa para contestar. Tosió un poco y cubrió su boca con su mano por cortesía, en ese momento lo noto, era sangre. —¿Que?
Alzo su vista para ver el coliseo donde no había mas que escombros por todos lados, cadáveres esparcidos y una ciudad envuelta en un caos total. Intento incorporarse apoyándose de una de las rocas pero cayo sobre su rodilla izquierda terminando por desplomarse, su visión se torno algo borrosa y se fue oscureciendo poco a poco mientras veía en la plataforma intacta la silueta de Xirion de espaldas quien movió un poco su rostro para verle de reojo.
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